no tengo fuerza de voluntad · 9 min de lectura
«No tengo fuerza de voluntad»: por qué eso casi nunca es el problema

Si has intentado cuidarte muchas veces y siempre lo has dejado, lo más probable es que el problema no fuera tu fuerza de voluntad, sino el plan: casi todos están pensados para durar semanas, no años. Uno que sólo se aguanta apretando los dientes está mal diseñado: nadie aprieta los dientes durante dos años.
Llevo más de catorce años de enfermero y he oído «es que no tengo fuerza de voluntad» cientos de veces. Casi siempre lo dice alguien que ha demostrado lo contrario: ha criado hijos, ha aguantado turnos, ha sacado adelante cosas más duras que dejar el pan.
¿Por qué siempre lo dejo a las tres semanas?
Porque lo que abandonas casi nunca es el objetivo: es el método.
En lo que yo veo, dos o tres semanas es lo que se sostiene con ilusión una dieta que quita todo lo que te gusta y un entrenamiento que te deja roto. Después, no.
No es un fallo de carácter: le pasa a cualquiera, y lo raro sería lo contrario.
Y hay una trampa que casi nadie cuenta: la culpa. Un desliz no rompe nada —una comida no mueve una hemoglobina glicosilada—, pero el «ya lo he estropeado, qué más da» sí: convierte una comida en tres semanas.
Lo que rompe un proceso no es el desliz, es lo que te dices después del desliz. Por eso el plan tiene que aguantar días malos: si sólo funciona cuando todo sale bien, no funciona.
Entonces, ¿qué falla de verdad?
En lo que yo veo, casi siempre es una de estas cuatro. Ninguna tiene que ver con las ganas:
- El plan no cabía en tu vida. Tus horarios, tu trabajo, quién cocina en casa. Si te obliga a cocinar aparte, dura lo que la paciencia del resto de la casa.
- Nadie mirando. Sin nadie a quien contarle la semana, la semana mala se convierte en el mes malo sin que nadie lo note, y menos tú.
- Se buscaba el resultado, no el proceso. Si sólo cuenta la báscula, dos semanas planas —absolutamente normales— parecen un fracaso, y ahí se abandona.
- Todo a la vez desde el primer día. Quitar el pan, apuntarse al gimnasio y dormir ocho horas, empezando el lunes.
Cambiar cinco cosas a la vez es la forma más fiable de no cambiar ninguna.
¿Te está pasando a ti?
Si llevas tiempo intentándolo y el número no se mueve, cuéntamelo. La primera conversación es gratis y sin compromiso.
Primera llamada gratis · Sin compromiso
¿Y si esta vez tampoco me funciona?
Es la pregunta más honesta, y la que más me hacen. No te diré que sea imposible, pero hay tres cosas que sí puedo sostener.
Si creo que no puedo ayudarte, te lo digo en la primera conversación y ahí se acaba. Prefiero no cogerte a cogerte y que lo dejes en tres semanas.
3 mesestarda la hemoglobina glicosilada en reflejar una vida nueva: hacia el tercer mes hay una analítica que puede darte la razón. No es una promesa.
Y hay cosas que no dependen de ninguno de los dos: también te las diré.
Lo que casi todo el mundo piensa antes de llamar
Estas frases me las han dicho tantas veces que las tengo apuntadas. Si has pensado alguna, no eres raro: eres la norma.
«No tengo tiempo para cuidarme»
Normalmente es verdad, y por eso el plan se construye sobre tus horarios reales, no sobre unos ideales: entrenamiento en casa de menos de media hora, y comida con lo que ya se cocina en tu casa. Si un plan necesita que te sobre tiempo, está mal hecho: a nadie le sobra.
«No me veo capaz de seguir un plan, siempre abandono»
Es de las frases que más me repiten, y casi siempre la dice alguien que ya ha demostrado lo contrario. Por eso la primera fase, DESPEGA, sólo busca que veas moverse algo pronto, no que lo hagas todo bien.
«Seguro que es una dieta estricta y no voy a poder comer lo que me gusta»
No hay alimentos prohibidos, y no es un eslogan: las prohibiciones son justo lo que hace que la gente lo deje. Se trabaja el orden de los platos, la forma de los hidratos y la proteína de cada comida, que mueven la glucosa sin quitarte nada.
«Los entrenamientos me van a dar miedo o serán demasiado duros»
Se empieza muy suave a propósito, en casa y sin experiencia previa. Fernando empezó a los 65 años; hoy, a los 68, juega al golf con palos más pesados porque está más fuerte. El entrenamiento lo planifican y lo revisan los entrenadores del equipo, no un vídeo genérico.
«Con la seguridad social ya me llevan el control» · «Yo ya sé lo que tengo que hacer»
Las dos suelen ser ciertas, y ninguna sobra. Trabajo dentro del sistema y admiro a la mayoría de quienes están ahí, pero en diez minutos de consulta no cabe enseñarte a comer y a entrenar. Y qué hacer, casi todos lo saben: lo que falta suele ser un plan que aguante y alguien mirando.
«Es caro»
El precio no lo pongo en la web, y no es por esconderlo: el acompañamiento no es el mismo para una prediabetes recién vista que para alguien con ocho años de medicación. Te lo explico entero en la primera conversación, que es gratuita, antes de que decidas nada.
Y si nada de esto te ha convencido
No pasa nada. Hay una cosa que puedes hacer hoy sin hablar conmigo y sin dejarme tu correo: entender qué dice tu última analítica. Si después quieres contármelo, aquí estoy.
Pablo Berna Sierra · Enfermero, dietista y entrenador
Colegiado nº 15794 · Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza
Más de 14 años ejerciendo como enfermero, acompañando a personas con Diabetes tipo 2, prediabetes y sobrepeso. Más sobre mí.
Fuentes
1
- Dickinson JK et al. «The Use of Language in Diabetes Care and Education». Diabetes Care, 2017. El consenso de la ADA y la ADCES: el lenguaje que culpa a la persona puede influir en cómo vive su diabetes y en cómo se cuida. Ver fuente
Aviso. Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la consulta con tu médico ni el tratamiento que te haya prescrito. No modifiques tu medicación por tu cuenta.